Breve historia de la identidad minera peninsular y su aporte al desarrollo económico regional

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Columna Rupestre y Cimarrón
Columna Rupestre y Cimarrón Columna Rupestre y Cimarrón - Efrain Patiño Estrada

El tema de la minería ha vuelto al ojo del huracán mediático en el sur del Estado con la reciente reunión pública convocada por la Secretaría de

Medio Ambiente y Recursos Naturales a la cual asistió un numeroso grupo de ciudadanos pro-ambientalistas y representantes de ONG’s que se oponen rotundamente al Proyecto Minero Metalúrgico Los Cardones en la zona mineralizada conocida como Paredones Amarillos, ubicada en el área de amortiguamiento de la Reserva de la Biósfera Sierra La Laguna. La empresa, de capital canadiense (Vista Gold Corp.), proyecta invertir de manera inicial 217 millones de dólares repercutiendo en la generación de 2200 nuevos empleos (directos e indirectos) según las cifras presentadas por su portavoz, asimismo volver a poner a Baja California Sur dentro los referentes de la minería en nuestro país, estiman reservas del orden de 24.6 millones de toneladas.

 

Aprovechando estos hechos, los subsiguientes párrafos de esta columna abordarán someramente las relaciones intrínsecas de la actividad minera en la península baja californiana durante los siglos pasados y la detonación del desarrollo económico regional ya que la historia geológica de la región es rica tanto en yacimientos metálicos como no metálicos. De igual manera, el desarrollo de estas actividades tuvo un invaluable aporte a la definición de la estructura de las sociedades actuales, algunas, sobre todo en la media península, con una arraigada identidad minera. Por motivos de espacio intentaré no extenderme más de lo debido aunque el tema es bastante amplio y da para muchas horas de investigación, lectura, plática, ceniceros repletos y varias tazas de café colado.

 

La minería en Baja California Sur tiene sus inicios a mediados del siglo XVIII en el distrito minero El Triunfo-San Antonio el cual tiene más de dos siglos y medio de historia; en 1748 Manuel de Ocio empezó a explotar oro y plata en lo que después fue el Real de Minas de Santa Ana, produciendo 6 toneladas de plata entre 1753 y 1768. En 1862 se estableció una compañía británica, la Gold and Silver Mining Co., que establece un sistema de trabajo completo de extracción, concentración y fundición. En 1875 se formó la empresa El Triunfo Mining and Comercial Company que trabajó intensamente hasta 1895, dicha empresa rehabilitó las minas antiguas y abrió nuevas obras de extracción instalando malacates de vapor y sustituyendo el método de patio por los de cianuración y fundición que le rindieron más productividad.

 

En junio de1870 hubo otros descubrimientos mineros, esta vez en el norte de la península, en las estribaciones de la Sierra de Juárez el gambusino Ambrosio Castillo encontró ricas vetas de oro y plata en el área de Ojos Negros, al oriente de Ensenada, que a la postre se convertiría en el Real de Castillo donde llegó haber en 1873 un molino de 20 trituradoras que trabajaban día y noche explotando una veta que variaba de 60 a 90 centímetros de espesor. Dos años después se descubrieron yacimientos de oro en Japa, al sur de Tecate. Tal fue la relevancia obtenida a raíz de la intensa actividad minera en Real del Castillo que incluso llegó a ser la capital del Partido Norte de Baja California durante una década, de 1872 a 1882. En 1889 varios rancheros de la región descubrieron vetas de oro en El Álamo, lo cual produjo otro movimiento social y económico semejante al de Real del Castillo, beneficiándose el poblado de Ensenada durante los años que duró dicha explotación.

 

Unos años después, en 1882, Cayetano Mejía, originario de la zona de Mulegé, junto con Antonio Murillo, comenzaron a trabajar algunos placeres de oro en la región de El Arco-Calmallí, cerca de los límites con el Partido Sur de la Baja California. Todos estos descubrimientos provocaron migraciones de mineros a la península, algunos procedentes de San Diego y otras ciudades de California. A finales de febrero de 1889, el descubrimiento de unos placeres de oro en el distrito de Santa Clara, a casi cien kilómetros al sureste de Ensenada, dio lugar a otro gran flujo de mineros a la región. Aunque la fiebre de oro duró menos de un mes, fue una de la más grande en la historia de la península, dado que alrededor de cinco mil hombres –la mayoría de ellos de San Diego, Los Ángeles y otras poblaciones al sur de California– viajaron al sitio para buscar fortuna.

 

Sin embargo, el baluarte minero regional por excelencia y punta de lanza en el desarrollo económico, tecnológico e industrial fue el establecimiento en 1885 de la empresa francesa Compaigne du Boleo en el distrito minero de Santa Águeda realizando hasta 1954 una explotación a gran escala de los ricos yacimientos cupríferos del distrito minero dando nacimiento a la población de Santa Rosalía, considerada por mucho tiempo la Capital del Cobre ya que en los albores del siglo pasado tenía una producción anual superior a las 11,000 toneladas de cobre puro que significaban el 50% de lo producido nacionalmente en esa fecha. En 1899 la población de Santa Rosalía superaba los seis mil habitantes rompiendo totalmente con la monotonía y casi nulo crecimiento de la región.

 

Tal fue el auge detonado por la actividad minera en la región que 1894 la compañía implantó un novedoso sistema eléctrico que aumentó en gran medida su infraestructura productiva y para 1905 la planta eléctrica de Santa Rosalía era considerada de las más potentes en todo Latinoamérica. En el año de 1900 en el pujante centro minero ya contaba tiendas, escuelas, hospital, el puerto, ferrocarril, una extensa red telefónica y en 1903 se instaló por primera vez en México el sistema de telegrafía sin hilos que conectaba a la aislada pero moderna ciudad con el resto del mundo.

 

Al mismo tiempo se desarrollaba en otras latitudes peninsulares la explotación de otros minerales y recursos naturales para abastecer la creciente demanda de materiales para la construcción provocada por la gran expansión de las ciudades estadounidenses durante las últimas décadas del siglo XIX, tal es el caso de la minería del ónix explotado en la cantera de El Mármol, en la parte meridional de Baja California, proporcionando durante décadas una fuente de empleo más o menos constante para los habitantes de la región constituyendo una de las más importantes actividades económicas que tuvo un fuerte impacto sobre el desarrollo de la zona circundante dando lugar al surgimiento a otro tipo de actividades económicas en la región. Por mucho tiempo la minería de ónix estuvo estrechamente ligada al sector industrial de San Diego, California, donde se encontraba situado el centro de la manufactura y la distribución de los productos de ónix al resto de los Estado Unidos, donde fue muy cotizado por su alta calidad y pureza. Asimismo, los ingresos de esta empresa contribuyeron al desarrollo de la ciudad de San Diego a lo largo del periodo que duraron sus operaciones.

 

Innegablemente la minería ha tenido una relevancia estratégica sin precedentes a lo largo y ancho de la vasta geografía peninsular al convertirse en uno de los factores principales en el desarrollo económico, político y social de la región cumpliendo un papel fundamental en la configuración y poblamiento del territorio así como la definición de la estructura de sus sociedades que habrían de conocer un esplendor inimaginable a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, periodo en que estos distritos mineros aportaron un caudal significativo a la modernización productiva de la minería nacional.

 

Después el auge minero fue cayendo poco a poco debido a la conjugación de varios factores, fundamentalmente por la caída del precio de los metales, el aislamiento de la región y el poco acceso a financiamientos de los pequeños mineros. En 1954 El Boleo cierra sus operaciones al considerar agotados los yacimientos. No obstante, en esas fechas empezó a cobrar auge la explotación de yacimientos no metálicos en la región central de la península, destacando la extracción de yeso en la Isla San Marcos y en la región norte de Santa Rosalía, así como el nacimiento de la importante industria salinera nacional con la explotación de las salinas por evaporación solar en lo que hoy es la población de Guerrero Negro que tuvo un trascendental repunte en la economía municipal y estatal, colocando a México en los primeros lugares en producción de sal a nivel mundial.

 

A partir de 1955 los desérticos y salitrosos parajes de la zona del paralelo 28 en la costa occidental, cambiaron totalmente su fisonomía a raíz del desarrollo de esta novedosa industria minera empleando personal en su mayoría de la región así como también de otras partes del País. En menos de 30 años el poblado ya contaba con la mayoría de los servicios básicos, como escuelas, banco, hospital, casas para los trabajadores, telefonía, etc. Hoy en día Exportadora de Sal, S.A. de C.V. está enclavada en una orgullosa población minera de aproximadamente 15,000 habitantes, y produce un promedio de 7.5 millones de toneladas métricas anuales de sal marina que exporta a diferentes países, principalmente a Japón y Estados Unidos.

 

Con más de dos siglos y medio de historia, la importancia minera de la península no ha decaído: de acuerdo a la Dirección General de Minas, al año 2010, existen en Baja California Sur un total de 163 concesiones mineras tituladas, las cuales cubren una superficie de 528,156.4154 has, que representan el 6.20% de la superficie estatal, mientras que en Baja California existen un total de 673 concesiones que amparan una superficie de 1, 694, 554.0342 has, representando el 23.72% de la superficie estatal.

 

Por ejemplo, el volumen total de la producción minera de Baja California Sur en el periodo comprendido del 2006 al 2010 fue de 50 millones 643,688 toneladas (no metálicos: sal, yeso, fosforita) con un valor total de producción de 11 mil 225 495,423.56 MDP, cifra que casi dobla el presupuesto para el ejercicio fiscal del 2013 para el gasto federalizado del Estado que fue de 7 mil 652.16 MDP.

 

Durante los últimos años y a raíz de la recuperación de los precios de los metales en el mercado global, algunas empresas han reactivado operaciones mineras en la Península, tal es el caso de Grupo Frisco que a partir del segundo semestre del 2010 inició un programa de fuertes inversiones y reactivó la Mina San Felipe (Au) en la cual se contemplan expansiones para incrementar la capacidad de producción, en el 2011 procesó un total de 3, 354,832 toneladas de mineral.

 

En el mismo año, inició la construcción del proyecto Minera y Metalúrgica El Boleo (Korea Resources Corporation) en las inmediaciones de Santa Rosalía para explotar las siete capas metalíferas mineralizadas del depósito de cobre-cobalto-zinc-manganeso y que espera producir y embarcar los primeros cátodos de cobre antes que culmine el primer semestre del presente año. En su fase de construcción, se han contratado más de 1700 trabajadores pertenecientes a Baja California Sur, 1100 de esas personas son oriundas de la otrora Capital del Cobre.

 

Grupo México continua realizando trabajos de exploración en el antiguo distrito minero El Arco-Calmallí, uno de los depósitos tipo pórfido cuproaurífero (Cu-Au) más importantes del mundo ubicado en Baja California. Los trabajos de exploración en sitio indica la existencia aproximadamente de 1,207 millones de toneladas métricas de material mineralizado con una ley promedio de cobre de 0.51% y 0.125 gramos de oro por tonelada, y 290 millones de toneladas métricas de óxidos de cobre con una ley de cobre de 0.35%. En 2010, un programa de perforaciones profundas de 1,214 metros indicó que hay aproximadamente 390 millones de toneladas de material mineralizado con un contenido de cobre de 0.62% por debajo de los límites actuales del tajo. Durante 2011, esperamos aumentar el material mineralizado estimado con un programa de 5,000 metros de perforación diamantina. Se han comprado para este proyecto en total 19,000 hectáreas para las operaciones mineras, infraestructura de servicios y áreas habitacionales.

 

Puño y Letra

 

Sin lugar a dudas, la actividad minera y sus instituciones han constituido una matriz primordial de los patrones de identidad y de cultura en la región peninsular, su auge ha detonando ha sido punta de lanza para el desarrollo económico regional. La estabilización de los precios de los metales en los últimos años ha hecho que algunas compañías reactiven sus operaciones mineras en la Baja California reavivando la economía de la zona, la cual en las últimas décadas ha presentado un estancamiento debido a las cada vez más escasas fuentes de empleo y desarrollo para sus habitantes.

 

Ñpunjó

 

Bibliografía consultada:

·         Romero Gil, Juan Manuel; “El Boleo: Santa Rosalía, Baja California Sur, 1885-1954” El pueblo que se negó a morir; Capítulo II “La compagnie du boleo: formación y consolidación de la empresa” p. 47-110.

  • Romero Gil, Juan Manuel; J. Heath, Hilarie; Rivas Hernández, Ignacio; “Noroeste minero: la minería en Sonora, Baja California y Baja California Sur”; Universidad Autónoma de Baja California Sur, Instituto Sudcaliforniano de la Cultura. 2002.
  • Panorama Minero del Estado de Baja California Sur; Coordinación General de Minería, Servicio Geológico Mexicano, Secretaría de Economía. 2011.
  • Panorama Minero del Estado de Baja California; Coordinación General de Minería, Servicio Geológico Mexicano, Secretaría de Economía. 2011.
  • Historia de Baja California; Real del Castillo (Ojos Negros); Capítulo XIX; p. 315-320:http://consag.tij.uia.mx/ebooks/historia_baja/%5B23%5D%20%20Real%20del%20Castillo.%20XIX.pdf
  • Taylor Hansen, Lawrence Douglas; “La explotación de un recurso mineral en la frontera norte de México. La comercialización del ónix mármol de Baja California, 1890-1958”; Región y Sociedad, Vol. XVI, No. 30.2004, p. 117-157.
  • Carta Geológico-Minera El Rosario, B. C. S., F12-B23. Escala 1:50,000; Servicio Geológico Mexicano.
  • Carta Geológico-Minera El Arco, B. C., H12-C82. Escala 1:50,000; Servicio Geológico Mexicano.
  • Carta Geológico-Minera Santa Rosalía, G12-1 B. C. S., Esc. 1:250,000; Servicio Geológico Mexicano.

 

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